miércoles, 25 de mayo de 2016

Ansiedad.




Definir la ansiedad para mí es un poco complicado, creo que para los demás que la sufren también y es por el simple hecho de que quien no la padece, nunca lo entenderá.
Técnicamente la ansiedad es un método defensivo, técnicamente son muchas cosas pero, física y psicológicamente, es solo una. Una gran cosa que te consume, que te bloquea, que te inhibe del mundo. Que llega y te aplasta sin ningún motivo, sin un horario fijo, sin una situación concreta.

Cuando viene crees que te estás muriendo, que te falta el aire, que alguien te presiona el pecho. Aunque estés al aire libre todo se te hace pequeño y las paredes se te vienen encima. Te ahogas. Algo te quema y te congela por dentro. Sí, las dos cosas. Tu cerebro no para, no frena, sigue recto hacia el abismo. La presión se hace cada vez más fuerte y solo quieres quedarte en un rincón de la habitación haciéndote cada vez más pequeña. Queriendo no existir. Esperando a que pase la tormenta negra. Que deje de doler, hasta poder respirar bien.

Yo me acuerdo que me arañaba los brazos, me hincaba las uñas en la piel, me tiraba del pelo, me mordía. Quería que todo el dolor que tenía dentro se fuese, que saliese por algún lado. Lloraba hasta que no salían más lágrimas. Mi mundo no existía, se volvía negro y con mucho dolor. No veía nada bueno. Nada estaba bien. Yo no estaba bien.

Pero tienes que saber que eso no es verdad. Que todo pasa, que la tormenta se va. Que vuelve a salir el sol y que todo lo que has sufrido es por algo. No eres tú lo que no está bien, son tus actos, tu vida, tu situación, lo que te esta rodeando. La ansiedad si es un método defensivo, te está defendiendo de ti misma. Y es que somos nosotros los únicos que nos destruimos.

Hay algo en nuestras vidas que nos hace daño, estamos acumulando dolor, estrés y nuestro cuerpo nos lo hace ver. Cuando nos duele una muela es porque tenemos una caries, en general cuando nos duele una parte de nuestro cuerpo es porque hay algo que nos está haciendo daño. Lo mismo pasa con nuestra mente, con la ansiedad.
La ansiedad es sólo un reflejo del dolor que sentimos por dentro. Tienes que darte cuenta de qué es lo que te está haciendo daño. 
Tus amigos, tu familia, alguien querido que se fue, que no te gusta lo que estudias/trabajas, tu cuerpo, tú en general. Cambia. Cambia de aires, de amigos, habla con tu familia de lo que te hace sentir mal, cambia de estudios/trabajo y haz lo que realmente te guste, cambia tu cuerpo o la percepción que tienes de él. Cambia tu forma de pensar, mira las cosas desde otro ángulo y te darás cuenta que la ansiedad no es la que te está haciendo daño, sino que eres tú. Tú eres la única persona que hará que ese dolor se acabe, se calle. Tú eres el que tienes el poder de cambiar y de aprovechar el dolor que estás sufriendo para crecer. Ese dolor que estás sufriendo te hará más fuerte. Te lo aseguro.

Una vez leí esto es un libro:  -Un libro que aconsejo leer a todas las personas que sufren ansiedad (Las alas de la mariposa, Ariel Andrés Almada)-

Fuertemente arropada en su capullo, la crisálida en desarrollo
debe luchar con todas sus fuerzas por poner fin
con su confinamiento. La mariposa podría pensar: "¿Por qué
debo sufrir tanto? ¿Por qué no puedo sencillamente
convertirme en mariposa en un abrir y cerrar de ojos?"

La lucha por salir del capullo contribuye a que la 
mariposa pueda volar. Sin adversidad, nunca desarrollaría
la fuerza para llegar a ser algo extraordinario.
J.B. WHIRTLIM



Desde que me di cuenta de eso he cambiado. Intento hacer lo que me gusta y lo que realmente quiero hacer. Intento conocerme. Intento quererme. Escucharme.


sábado, 23 de enero de 2016

Pobre Soledad.

Soledad.
Así se llamaba mi amiga.
A veces venía, 
otras se iba. 

Sonaba a silencio, 
a melancolía.
A una vida que no existía.

Mírala,
lleva encaje bajo la ropa.
Ella quiere amar.

Labios cortados,
ojos hinchados,
rodillas magulladas.

Soledad.
La recordaba lejana.
La notaba bajo mi piel,
erizando mis entrañas.

Ella ansiaba volar.
Y miserable muchacha,
ni siquiera se daba cuenta de que tenía las alas.

Soledad.
Así se llamaba mi amiga.
De piel fría, blanquecina.

Me susurraba temores.

Me obligaba a verle los ojos:
negros, cenizas, inviernos, dolores.
Me obligaba a darle la mano:
huesuda, afilada, aterciopelada, temblaba.

Me obligaba a estar con ella,
aunque fuese sinónimo
de cavar mi propia tumba.

Pobre Soledad, 
venía y se iba
y te entraban escalofríos
al ver su sonrisa.


sábado, 4 de abril de 2015

¿Tienes amigos?



Muchas veces me he estado cuestionando esa pregunta y últimamente, por situaciones que me han sucedido, he estado comiéndome la cabeza con esta pregunta: ¿Qué es para MÍ la amistad?  -Al ser muy subjetiva, cada uno la concibe de distinta forma-

Pues para mí la amistad es aquella persona que con el tiempo se ha hecho un hueco en mi familia, siendo parte de ella (pero que es posible elegirla). 
Son aquellas personas que están para lo bueno y para lo malo, para lo difícil y lo sencillo, para lo triste y lo alegre. 
Son aquellas personas que están en primera fila en tu vida, las que con una sola palabra te comprenden –o incluso con menos- . 
Son aquellas personas con las que no tengo que medir lo que digo, ni cómo lo digo porque me conocen lo suficiente para comprender lo que siento/pienso. 
Para mí la amistad son aquellas personas que están a mi lado sin tener que estarlo, que pueden pasar meses y que al volver a vernos es como si fuese ayer. 
Para MÍ eso es la amistad y puede que para algunos la palabra amistad esté más infravalorada. Puede que para ellos la amistad se mida en las fotos que tienen juntos, en hablar todos los días, en el que dar rutinariamente todas las semanas o simplemente para ellos un amigo sea aquel con el quién ha hablado dos veces en su vida.   

Por estas cosas yo acabo alejándome, puede que hasta pierda a de la gente que fue importante para mí (FUE, en un pretérito perfecto simple, fue importante pero en este momento no y me da pena dejarla ir por un simple recuerdo), y no es porque esas personas sean o no buenas personas –ni mucho menos- , sino que simplemente no entendemos la amistad del mismo modo, así que para mí ellos pasan a ser compañeros o simples conocidos que en un pasado hubo algo. Pero por eso no voy a dejarles de hablar toda la vida, ni a volverles la cara cuando los vea, ni nada por el estilo… simplemente no busco más de lo que ya somos: compañeros, conocidos, amigos de amigos…


Puede que por eso pueda obtener preguntas como: ¿Por qué no tienes amigos?  O afirmaciones tales: así no vas a tener amigos. Pero eso no me importa porque, para mí, la amistad no se mide con números sino con la calidad de ella.


Con el paso del tiempo me he dado cuenta que tengo que ser quisquillosa con las personas que deseo tener como amigas, porque como he dicho antes van a formar parte de mi familia y por eso no me conformo con cualquiera. Con eso no estoy diciendo que quiera a alguien que me lama el culo, o que esté de acuerdo conmigo siempre y que me dé la razón en todo. ¡NO! Para mí eso es ser un hipócrita. Yo solo quiero que sea como de mi familia, que me diga las cosas que hago mal, las cosas que hago bien, que se enfade si es necesario porque la familia está para eso, para que a pesar de todos los baches que suframos estemos codo con codo en todo momento. 


Así que si por esta forma de pensar, por ser quisquillosa con los amigos que elijo y por ser como soy, piensas que no tengo amigos o no los tendré entonces para ti (y tu percepción y concepción de la amistad) no los tendré.  Pero para , con mis creencias subjetivas de la palabra amistad, te respondo que eres los que no los tienes ni los tendrás. 
Es más, respondiendo a la pregunta de si tengo amigos o no, te preguntaré a ti: ¿qué es para ti la amistad?

























Besos.

jueves, 12 de febrero de 2015

A veces, con tanto Y y tanto CREO me pierdo.




Me gusta la lluvia, su sonido, su frescura.
Me gusta el sol y la calidez que le da a mi cuerpo.
Me gusta la vida o lo que creo que es la vida.

A veces me gustaría saber si de verdad existo; porque existimos, ¿no? A veces me gustaría parar el tiempo y saborearla. Ya sabes, la vida. A veces siento que lo consigo cuando estoy a su lado. Cuando le acaricio, pero cuando lo hago de verdad.  Siento que paro el tiempo y lo paro, y le acaricio y es seda para mi tacto. A veces siento que mi piel no es tan suave como la suya, siento que estoy sucia, que hay algo que no funciona bien en mi interior.

Él dice que soy perfecta.

Yo sigo sintiéndome defectuosa.

A veces me pierdo y hay momentos en los que me cuesta encontrarme. Pero a veces soy yo. Me miro al espejo y soy toda de seda y siento que estoy bien.

Así creo que es la vida o, por lo menos, la mía.

A veces creo que la vida es un sube y baja, a veces solo lo pienso pero no lo creo. A veces creo que debo cambiar. A veces no quiero, quiero luchar.

Pero es una constante lucha y en algunos momentos suena bien eso de dejarse ir. Una vez escuché que eso sería demasiado fácil, supongo que sí.

No encuentro razón a la existencia humana, ni a sus prejuicios, ni a sus tallas, ni a nada que nos rodea. Incluso, ni al tacto de su piel. Pero existimos con todas las consecuencias, ¿no? O eso es lo que creo, o nos hacen creer.

Me repito una y otra vez que hay que saber llevar las cosas, que hay que saber luchar y sudarlo.
Creo que una se siente más sucia cuanto menos suda.

En fin, creo y a veces demasiado.

  ¿Encontraremos nuestras respuestas?