Hoy no me encuentro bien. No sé si es por el tiempo de mierda que hace o por mis nubarrones internos que no terminan de colapsar, pero no me encuentro bien.
Ya he pasado por esto antes, sé qué me pasa. Creo que eso es lo peor de todo.
Y sé qué es lo que se siente cuando las nubes colapsan.
Llega la tormenta.
Y me asfixio.
No entiendo por qué siempre me empeño en no ser feliz. En no afrontar las cosas. En no ponerle nombre a lo que estoy viendo.
Me da miedo decirlo en voz alta. Me da mucho miedo. Todo me da miedo. Y todo esto surge de mi interior. De ese pequeño bastardo que tengo dentro y que solo quiere partirme la caja torácica en dos para poder salir y devorarme.
He visto demasiadas películas.
Pido ayuda a gritos mudos. Ni siquiera soy capaz de volverme a mirar a un espejo. Me ha vuelto el tic de tocarme la barriga cada vez que abro la nevera y voy a comer, el tic que me recuerda lo gorda que estoy. Ayer me dio ansiedad y tuve que sentarme y repetirme que eso pasa, que soy fuerte. Que la ola ya se fue. Hará unas semanas que pensé en meterme los dedos y pensarlo me tranquilizaba. Quería clavarme algo en la piel porque me dolía mucho el pecho. Quemaba respirar. "Es mejor dolor fuera que dentro" eso me solía repetir.
Maldita mente enferma.
Me da miedo este sitio, me da miedo mi interior y ya no sé dónde refugiarme.
Y me da más miedo ver lo que he escrito. Escribir era mi vía de escape y eso significa que estoy en peligro.
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